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Ley de Restauración de la Naturaleza: claves y retos

La primera gran normativa comunitaria sobre biodiversidad busca restaurar las áreas marinas y terrestres degradadas para conseguir beneficios medioambientales, sociales y económicos. Fue aprobada en el Parlamento Europeo, pero la oposición de varios países miembros frenó su aprobación en la última fase de tramitación. Esta ley de restauración de la naturaleza entrará en vigor una vez haya recibido la aprobación del Consejo, tras alcanzar un consenso.

Publicado el 09.05.2024
La Unión Europea ha votado una Ley de Restauración de la Naturaleza que tiene como objetivo favorecer la recuperación de los ecosistemas, tanto marinos como terrestres (FP/PierNext).

Una ley para restaurar los mares

Solo el 10 % de los mares y el 17 % de la tierra de todo el mundo están protegidos. Si reducimos el mapa y nos centramos únicamente en el territorio de la Unión Europea (UE), nos encontramos con que menos del 20% de los hábitats está en buen estado

Para revertir esta situación, en junio de 2022 la Comisión Europa propuso la creación de una Ley de Restauración de la Naturaleza que tiene como objetivo favorecer la recuperación de los ecosistemas, tanto marinos como terrestres, y dar un paso adelante para alcanzar las metas climáticas y de biodiversidad de la UE. 

Esta ley, la primera de este tipo que propone la institución europea, busca restaurar al menos el 20% de las áreas marítimas y terrestres degradadas de la Unión Europea en 2030, el 60% en 2040 y el 90% en 2050.

De acuerdo con el Parlamento Europeo, con esta medida se regenerarían los ecosistemas en mal estado, se contribuiría a alcanzar los objetivos climáticos y de biodiversidad que marca la UE y se mejoraría la seguridad alimentaria. Además, la Comisión estima que su aplicación tendría un retorno de entre 8 y 38 euros por cada euro invertido, por lo que sus beneficios serían también económicos. 

De aprobarse, el acuerdo sería de obligado cumplimiento para cada uno de los estados miembros, que deberían desarrollar planes nacionales adaptados a sus propios objetivos, realidades y necesidades

La ley fue aprobada en la Eurocámara, pero está bloqueada en su tercera y última fase de tramitación, la del Consejo (FP/PierNext).

Votos a favor y en contra

Sin embargo, el futuro de la ley todavía es una incógnita.

Fue aprobada en la Eurocámara con 329 votos a favor, 275 en contra y 24 abstenciones, pero fue bloqueada en su tercera y última fase de tramitación, la del Consejo (formado por representantes de los gobiernos de cada país). Detrás de este giro de guion está Hungría, país que cambió su voto en el último momento y se unió a los estados contrarios a la ley: Austria, Italia, Polonia, Países Bajos, Bélgica, Finlandia y Suecia. Los argumentos de este bloque giran en torno a la idea de que la normativa resultaría perjudicial para el sector de la agricultura.

Los votos a favor fueron emitidos por España, Alemania, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca, Eslovenia, Estonia, Irlanda, Lituania, Luxemburgo y la República Checa.

En el futuro próximo, será necesario redefinir los objetivos y las condiciones de la ley para conseguir llegar a un consenso que facilite su aprobación.

La regeneración de los ecosistemas degradados es fundamental para mejorar el estado de los océanos, conservar su biodiversidad y cumplir con los objetivos climáticos de la UE (FP).

Su impacto en los océanos

La propuesta de crear una ley de restauración de los ecosistemas europeos nace en un contexto determinado por el cambio climático y la crisis de biodiversidad. Un contexto en el que los océanos se enfrentan a problemas como la sobrepesca, la contaminación y la expansión de las especies invasoras, que llevan la huella de la actividad del ser humano y que tienen un grave impacto en los ecosistemas. 

Tal y como indica la normativa, la regeneración de los ecosistemas degradados es fundamental para mejorar el estado de los océanos, conservar su biodiversidad y cumplir con los objetivos climáticos de la UE.

“La Ley de Restauración de la Naturaleza podría generar mejoras para los ecosistemas oceánicos. Para empezar, su aprobación conllevaría la realización de más estudios para evaluar su situación. Ya solamente este conocimiento de base resultaría muy útil y valioso”, señala Jordi Pagés Fauria, investigador Ramón y Cajal del Centre d’Estudis Avançats de Blanes (CEAB-CSIC).   

Estos estudios permitirían ver en qué zonas son necesarias y también posibles las restauraciones, lo que facilitaría el diseño de planes de restauración adecuados y eficientes. De acuerdo con el investigador del CEAB-CSIC, estos planes son interesantes a escala local, pero su complejidad aumenta cuando se les intenta dar objetivos más amplios. 

“Hay problemas más fáciles de solucionar que otros, en el sentido de que son más atacables a pequeña escala. Por ejemplo, el de la contaminación. En este sentido, se ha hecho un buen trabajo al mejorar la mayoría de indicadores de contaminación en la costa española en general o, más en concreto, en la catalana. Desde la década de los 90 hasta hoy, se ha reducido el nivel de nutrientes, fósforo, nitrógeno o metales, sobre todo gracias a la mejora de las depuradoras”, explica Pagès, para añadir que la contaminación por plásticos, por el contrario, ha aumentado.

La regeneración de los ecosistemas degradados es fundamental para mejorar el estado de los océanos, conservar su biodiversidad y cumplir con los objetivos climáticos de la UE (FP).

La importancia de la restauración pasiva

No obstante, el investigador también ve dificultades para que la restauración funcione si no va acompañada de otras medidas que pongan fin a las causas de los problemas, como el cambio climático o la sobrepesca.

“A nivel científico, es complicado lograr que los ecosistemas de un lugar que está o ha estado degradado puedan volver a su estado inicial. Aunque se realicen tareas de restauración, muchos de los ecosistemas no volverán. En este sentido, soy un poco crítico porque en el mar hay bastantes ecosistemas que no se van a restaurar si no se elimina la presión que los puso en peligro”, explica el investigador. 

Un ejemplo lo encontramos en las praderas de plantas marinas, como la Posidonia oceanica, una especie cuya restauración es lenta y muy compleja. “Si se consigue restaurar, es con unas tasas mínimas al año y gracias a la utilización de una gran cantidad de recursos económicos. Por ello, siempre decimos que en este tipo de ecosistemas es más importante conservar que restaurar”, añade Pagès. 

“Fomentar la restauración pasiva (aquella que elimina o minimiza las causas de la degradación, favoreciendo que el ecosistema se recupere por sí mismo) es muy interesante. La restauración activa la veo más útil en proyectos locales, en los que se puede conseguir un impacto a nivel económico”, concluye. 

La restauración no funciona si no va acompañada de otras medidas que pongan fin a las causas de los problemas, como el cambio climático o la sobrepesca (FP).

El futuro de la restauración de los océanos

Para entender qué vías puede tomar el futuro de la restauración de los océanos, es importante tener en cuenta que la preocupación de la UE por este tema ha ido creciendo en los últimos años, lo que ha llevado a la aprobación de diferentes iniciativas.

Una de ellas es la Misión de la UE “Restaurar nuestro océano y nuestras aguas”, que se puso en marcha en 2021 para “proteger y restaurar la salud de nuestros océanos y aguas de aquí a 2030 mediante la investigación y la innovación, la participación ciudadana y las inversiones en la economía azul”. El objetivo final de la misión es contribuir a alcanzar la neutralidad climática y la restauración de la naturaleza. 

Esta y otras misiones relacionadas con la sostenibilidad en Europa se canalizan en diferentes proyectos en los que participan empresas, centros de investigación y formación, autoridades locales y muchos otros agentes de todos los estados miembros.

En el caso de la Misión de la UE ‘Restaurar nuestro océano y nuestras aguas”, las acciones se centran en proteger y restaurar la biodiversidad, reducir la contaminación y apoyar una economía azul sostenible en todos los mares, desde el Báltico hasta el Cantábrico, pasando por el Mediterráneo. Se espera que los objetivos, ambiciosos, den resultados concretos y tangibles en 2030.

 

El apoyo de los puertos

Más allá de los muros de las instituciones europeas, la ley encuentra detractores y defensores entre el resto de los agentes involucrados en el medio marino.

Un ejemplo de los últimos es la European Sea Ports Organisation (ESPO), que en marzo de 2023 mostró su apoyo pleno “a los objetivos de detener y revertir la pérdida de biodiversidad y hábitats en Europa mediante esfuerzos de restauración a nivel europeo”. 

Los puertos de Europa, señalan desde la organización, tienen una amplia experiencia en tareas de restauración de la naturaleza.

Debido a su posición, en forma de nexo entre el mar y la costa, tienen un papel importante y también una responsabilidad para proteger la biodiversidad. Además, tienen también la necesidad de desarrollar medidas para proteger sus infraestructuras de los impactos del cambio climático.

“Los puertos de Europa se esfuerzan en encontrar un equilibrio entre los intereses socioeconómicos y los objetivos de sostenibilidad. […] Contribuir a salvaguardar la biodiversidad a través de la protección y la gestión de áreas naturales es una parte esencial de estos esfuerzos”, explican desde ESPO.

En los últimos años, se han desarrollado numerosos planes de restauración de la naturaleza en los puertos. “Podemos encontrar un ejemplo en los trabajados de naturalización de las estructuras duras de los puertos, como los diques o los espigones. Estos normalmente tienen paredes lisas, pero algunas iniciativas añaden elementos para hacerlos más rugosos, más parecidos a las rocas y a los elementos que encontramos en la naturaleza, para que se asienten los animales y todo tipo de organismos”, ejemplifica Pagès.

Entre las demandas de ESPO en relación a la ley, están que esta se alinee con otras legislaciones ya existentes.

Tras el “no” de los ocho países en el Consejo de la UE, se abre un nuevo abanico de posibilidades en el que la propuesta actual puede sufrir importantes cambios y modificaciones, por lo que el futuro de la Ley de Restauración de la Naturaleza está todavía por determinar.