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El rearme naval global y el control de las rutas marítimas: un viejo sueño con nuevas herramientas

El 80% del comercio mundial navega por los mares y océanos del planeta. El país que controle estas rutas marítimas tendrá una posición de poder sobre sus rivales. Se trata de un viejo axioma estratégico, pero, en el clima actual de tensiones internacionales, los países se rearman para seguir dominando las olas.

Publicado el 20.02.2026
El destructor furtivo USS Zumwalt (DDG-1000) fue diseñado en parte para sustituir las capacidades de apoyo con fuego de los acorazados de la clase Iowa, dados de baja en 1992. (National Museum of the U.S. Navy CC).

«Quien domina el mar domina el comercio; quien domina el comercio del mundo domina las riquezas del mundo y, en consecuencia, el mundo mismo», dijo sir Walter Raleigh, uno de los grandes marinos (y pirata a ojos del imperio español). Escribió estas palabras en el siglo XVI, cuando las potencias occidentales comenzaban su carrera para dominar los mares del planeta.

Desde entonces, los países que han logrado una clara hegemonía mundial han sido aquellas que han impuesto su ley en los mares y océanos del planeta. Solo hay que pensar en ejemplos muy recientes. Estados Unidos ha logrado su primacía imponiéndose en su momento a la Unión Soviética y a la Alemania nazi, dos potencias que apostaron por un modelo de dominio continental.

En su papel de aspirante a la hegemonía mundial, China ha tomado buena cuenta de dominar los mares y desde años se ha embarcado en la expansión de su armada para proteger sus intereses comerciales por todo el planeta.

Pero el rearme naval no es solo una cuestión de los «pesos pesados» de la escena internacional. Países con tradición naval como Japón, Francia, Reino Unido, España, Turquía o la India están desarrollando sus armadas para poder defender sus intereses en las rutas marítimas globales

No es la primera carrera de armas navales que vive la humanidad, solo hay que recordar las que protagonizaron Alemania contra Gran Bretaña antes de la Primera Guerra Mundial. Si entonces los acorazados eran el símbolo del desarrollo tecnológico, hoy en día los drones (de superficie y submarinos) o los misiles hipersónicos encabezan los programas de modernización.

Un F-35B realiza un aterrizaje vertical en la cubierta del JS Izumo, el portahelicópteros de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón que está siendo adaptado para operar estos cazas de quinta generación. (JMSDF CC)

La armada china y su pulso a EE. UU. en el Pacífico

China también ha logrado otro hito en el terreno de la guerra naval: la Armada del Ejército Liberación Popular (PLAN, por sus siglas en inglés) es hoy, por número de buques, la mayor del mundo: más de 370 unidades en servicio a comienzos de 2025, con proyecciones que apuntan a 435 plataformas de combate en 2030 y hasta 475 en 2035, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).

En contraste, la Marina de Estados Unidos (US Navy) cuenta con unas 290 unidades de combate, una cifra muy por debajo del objetivo de 355 buques establecido por el propio Congreso para seguir manteniendo la hegemonía mundial. Aunque, si nos fijamos en el tonelaje, EE. UU. sigue siendo el líder con más de 4 millones de toneladas de desplazamiento, en buena parte, gracias a sus once portaaviones nucleares.

En el otro lado de este ring marítimo, la PLAN cuenta con la mitad de desplazamiento y solo tres portaaviones. Aunque su desarrollo es rápido y en el futuro va a reducir esta desventaja, como demuestra la gran capacidad de sus astilleros que multiplica por 232 la estadounidense, según datos de la Alliance for American Manufacturing.

Por este motivo, en apenas dos décadas, la PLAN ha pasado de ser una fuerza costera a presentarse como una «armada de aguas azules» (blue water navy), con capacidad para operar a escala global.

Más allá del tamaño de las armadas, la apuesta China también se centra en la modernización. Sus tres portaaviones abanderan este terreno, donde destaca el Fujian, en servicio desde finales de 2025 con sus catapultas electromagnéticas, que permite un mayor ritmo de operaciones aéreas desde su cubierta, una capacidad solo igualada por el USS Gerald Ford, el portaaviones estadounidense más moderno.

El USS Gerald R. Ford (CVN-78), el portaaviones más moderno de la US Navy, navegando en el Atlántico en octubre de 2022. Sus catapultas electromagnéticas lo equiparan tecnológicamente al Fujian chino. (CC US Navy)

Misiles asesinos de portaaviones

La innovación china entra también otros aspectos de la guerra naval. Según las conclusiones del informe de Congreso de EE. UU., China Naval Modernization: Implications for U.S. Navy Capabilities, la gran amenaza son los misiles hipersónicos DF-21D y DF-26B. Son proyectiles cuya velocidad supera Mach 5, cinco veces la velocidad del sonido, lo que los hace extremadamente difíciles de interceptar.

Estos misiles, apodados «asesinos de portaaviones» (Carrier-killers) podrían ser decisivos si estalla una guerra entre EE. UU. y China. Otra innovación  militar de Pekín, y siguiendo con el informe del Congreso, es el primer buque diseñado específicamente para desplegar drones: el Sichuan. Otras potencias medianas, como Irán o Turquía, ya han desplegado navíos con esta función, pero son barcos reconvertidos para esta función específica.

Estados Unidos cuenta en su mano bazas como la llegada del segundo portaaviones de la clase Ford, el USS John F. Kennedy, aunque no entrara en servicio hasta 2027. Para tratar de revertir la sensación de auge imparable de China, el secretario de Marina, John Phelan, prometió cambios la primavera pasada para acelerar la construcción de nuevos buques.

  • Incluso a finales de 2025, Donald Trump anunció una nueva clase de barco de guerra que llevaría el nombre del mandatario. Sería un rediseño del concepto tradicional de acorazado (EE. UU. dio de baja el último de estos barcos en 1992). Este buque abandera la iniciativa Golden Fleet del presidente, destinada a mejorar la capacidad de combate de la US Navy.

El misil balístico antibuque DF-21D, apodado «asesino de portaaviones», durante el desfile militar celebrado en Pekín para conmemorar el 70 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial (CC).

Armas supersónicas y nuevos acorazados

¿Armas supersónicas? ¿Nuevos acorazados? James R. Holmes, catedrático de Estrategia Naval en el Naval War College de Newport, resume a PierNext cuál puede ser la clave en un conflicto naval futuro: «desplegar muchas plataformas y armas suficientemente buenas es a menudo mejor que desplegar unas pocas plataformas y armas de primera clase mundial».

Holmes recurre al ejemplo de la Segunda Guerra Mundial para sustentar su opinión: «Alemania y Japón aprendieron esto a la dura durante las guerras mundiales. Nadie tenía mejor armamento uno a uno, pero se enfrentaban a Estados Unidos, que en aquel entonces podía producir montañas de equipamiento suficientemente bueno».

Este experto señala una perspectiva poco halagüeña para sus compatriotas: «nuestro principal competidor, China, ha invertido el guion y ahora son ellos quienes pueden producir montañas de cosas».

El capitán Wang, comandante del destructor chino Jinan, y el capitán estadounidense Lyle Hall durante una visita de cortesía. Una imagen de cooperación naval que contrasta con la creciente rivalidad estratégica entre ambas potencias. (CC US Navy)

La revolución de los drones marítimos

En los conflictos recientes como Ucrania se ha hablado mucho del papel de los drones, pero la imagen popular es que son aviones no tripulados que protagonizan bombardeos contra ciudades y ataques en el frente. Pero también han demostrado una eficacia extrema en el mar Negro, donde han obligado a la flota rusa a refugiarse en sus bases (bajo estas líneas, video propagandístico difundido por el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), monstrando un ataque con dron marítimo a buques rusos en un puerto, probablemente Sebastopol, en Crimea).

Ucrania no cuenta con una armada de entidad, pero gracias a los drones marítimos y submarinos, las fuerzas de Kiev han logrado causar importantes pérdidas a sus enemigos. Además, a finales de 2025 han escalado sus ataques, poniendo como objetivo a los petroleros rusos.

Las otras potencias están tomando notas de lo que sucede en el mar Negro y están aumentando sus capacidades de vehículos no tripulados marítimos. En un desfile en septiembre de 2025, China exhibió los drones submarinos HSU100 y AJX002 con autonomía para operar a miles de kilómetros de sus bases en misiones de reconocimiento o minado. 

Como en tantos otros ámbitos, la Inteligencia Artificial ha comenzado a cambiar la manera en la que operan estos drones, «las armas de precisión se han vuelto cada vez más inteligentes desde la guerra del Golfo (1991), y con la llegada de la IA, están a punto de ser capaces de pensar por sí mismas», explica Holmes.

Mucho más que dos: el rearme naval de las otras potencias

La competición naval no se reduce al eje Washington-Pekín. Rusia, India, Francia, Japón y Turquía protagonizan sus propios programas de modernización, muchos de ellos con las rutas marítimas como telón de fondo.

Pese a que la guerra de Ucrania parece drenar buena parte de sus recursos militares, Rusia también aspira a modernizar su armada. Moscú mantiene la tradición de confiar en poderosos submarinos nucleares como los ocho que incorporó entre 2020 y 2024, pero el gobierno de Putin no renuncia al desarrollo de plataformas más modernas como los drones o armas supersónicas (algunas ya empleadas contra Kiev). 

India y Japón son otros países en Asia-Pacífico que apuestan por el desarrollo de potentes armadas. Nueva Delhi pone especial énfasis en proteger las rutas en el océano Índico (el 95% de su comercio se mueve vía marítima) y en 2025 aprobó una ambiciosa estrategia para poner en servicio un nuevo barco de guerra o submarino cada 40 días. El objetivo es contar con una armada de 200 naves para 2035 para contener a sus rivales paquistaníes y chinos.

Aunque asociado al pacifismo, Japón sigue siendo una de las principales potencias navales del mundo. Su armada, la Fuerza Marítima de Autodefensa, cuenta con 155 buques en activo que suman un desplazamiento de 780.000 toneladas. Estas cifras la ubican como la cuarta fuerza marítima, solo por detrás de EE. UU., China y Rusia.

La armada japonesa se encuentra entre las más modernas del mundo, una tendencia que irá más como consecuencia del fuerte incremento del gasto militar que aprobó Tokio para este año: 58.000 millones de dólares. Un incremento justificado para hacer frente a potencias como China (con quien mantiene disputas marítimas), Corea del Norte o Rusia. Buena parte de esta actualización irá destinada a drones, a la construcción de las fragatas de clase Mogami y la modernización de sus portahelicópteros de clase Izumo para que puedan operar los F-35.

En Europa, el rol naval dominante siempre había correspondido a Reino Unido aunque Francia es la única potencia del Viejo Continente que puede presumir de contar con un portaaviones nuclear. Londres no renuncia a seguir teniendo un papel destacado en la proyección de fuerza mundial, aunque sus portaaeronaves más modernos de la clase Queen Elizabeth han recibido muchas críticas por los problemas técnicos que han demostrado. 

Un submarino de la Armada Española en el puerto de Cartagena, base de la Flotilla de Submarinos. España ha anunciado una inversión de 5.500 millones de euros para modernizar su flota, incluyendo cuatro nuevos submarinos S-80 Plus (CC Nyal).

Despliegue en el Mediterráneo

El Mediterráneo está viendo también un interesante despliegue de las capacidades navales de los países ribereños como consecuencia de la pugna por recursos energéticos en sus aguas orientales, la inestabilidad en el norte de África y Oriente Próximo, así como la presencia de Rusia. Italia, Turquía y Grecia lideran este proceso de rearme.

  • Pese a que el gobierno de España ha sido de los más reticentes a aumentar el gasto militar en la OTAN, parece que se va a hacer una excepción con la Armada. A principios de 2026, se anunció un plan de modernización con una inversión de 5.500 millones de euros para adquirir 37 nuevos buques y cuatro submarinos S-80 Plus. Aunque muy criticados tras su despliegue por algunos problemas de diseño, se encuentran entre los más silenciosos de propulsión convencional, una característica que los hace perfectos para misiones de larga duración.

Los países se preparan con nuevas herramientas para cumplir una vieja ambición: dominar los mares. Como nos apunta Holmes «golpear más lejos, con mayor precisión y fuerza, así como con armas capaces de tomar sus propias decisiones, puede traer un cambio radical en  competencia entre potencias, pero no cambiará su naturaleza fundamental».