OceanEye: la apuesta europea para liderar la observación del océano

Un año después de la presentación del Pacto Europeo por los Océanos (European Ocean Pact), ya empezamos a ver aterrizar las primeras actuaciones. Tal como explicamos en el artículo «El Pacto Europeo por los Océanos: los puertos como la nueva frontera azul», una de las prioridades clave del Pacto era impulsar la investigación, el conocimiento y la innovación en mares y océanos. Y todo ello empieza por algo básico: saber qué ocurre en ellos.
El océano cubre el 70 % de la superficie de la Tierra, pero solo se ha explorado el 5 %. Para Bruselas, la observación oceánica ha dejado de ser un recurso opcional para convertirse en una apuesta estratégica.
Por eso, el 3 de junio de 2026 la Comisión Europea presentó OceanEye, la iniciativa de la UE para la observación del océano.
«Con OceanEye, Europa liderará la carrera por entender nuestro océano, protegerlo y aprovechar su potencial de forma sostenible. Se trata de utilizar la ciencia y la buena gobernanza para comprender nuestro océano y asegurar nuestro futuro. Hacemos un llamamiento a todos los Estados miembros y a los socios mundiales para que se unan a nosotros en el apoyo al Sistema Mundial de Observación del Océano y hagan realidad OceanEye.»
Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea
Conocer el océano para protegerlo
El océano tiene una importancia estratégica que va mucho más allá del medio ambiente. Es el principal sumidero de carbono del planeta y, por tanto, un aliado clave en la lucha contra el calentamiento global. Genera el 50 % del oxígeno que necesitamos, es una pieza fundamental del ciclo del agua y proporciona una gran cantidad de recursos, especialmente alimentos procedentes de la pesca y la acuicultura, que son fundamentales para la soberanía alimentaria europea, el desarrollo territorial y un sistema alimentario sostenible y saludable.
La observación oceánica es, además, un sector económico en sí mismo, con un fuerte potencial de crecimiento. Tal como recuerda el comisario europeo de Pesca y Océanos, Costas Kadis, cada euro invertido en sistemas de observación de los océanos genera un retorno de entre 5 y 6 euros en beneficios económicos y sociales.
Este sector engloba todo lo que tiene que ver con el software, las plataformas digitales, los sistemas de navegación autónoma, la inteligencia artificial (IA) y el hardware, así como los buques autónomos de superficie (MASS, por sus siglas en inglés), los vehículos submarinos, los drones aéreos y los sistemas de autonomía multimodal. También incluye las infraestructuras submarinas, como los cables submarinos, los observatorios submarinos y las boyas oceanográficas.
Las cifras, sin embargo, muestran que todavía queda mucho camino por recorrer. La UNESCO estima que la inversión pública mundial en observación in situ de los océanos es de entre 850 y 1.300 millones de euros anuales, una cantidad que solo cubre entre el 60 y el 70 % del sistema necesario. Otras fuentes elevan el gasto global a unos 2.000 millones de euros al año, de los cuales unos 500 millones se invierten en la UE. Mientras tanto, en Estados Unidos las actividades económicas directamente vinculadas a los productos y servicios de observación oceánica ya representan unos 7.000 millones de euros y dan servicio a un ecosistema empresarial valorado entre 35.000 y 80.000 millones.
Observación oceánica: una inversión que se queda corta
Inversión pública y actividad económica vinculada a la observación de los océanos, en millones de euros
Inversión pública mundial en observación in situ de los océanos (millones de euros al año)
Estimación de la UNESCO
850–1.300 M€
Solo cubre entre el 60 y el 70 % del sistema necesario
Estimación de otras fuentesDe la cual, en la UE: 500 M€
2.000 M€
Estados Unidos: actividad económica vinculada a la observación oceánica (millones de euros)
Productos y serviciosde observación oceánica
7.000 M€
Ecosistema empresarialal que dan servicio
35.000–80.000 M€
Fuente: elaboración propia a partir de la iniciativa OceanEye de la Comisión Europea (2026), que recoge estimaciones de la UNESCO y de otras fuentes.
El sistema actual, además, es frágil: depende de un número reducido de grandes contribuyentes y arrastra una infrafinanciación sistemática. La Comisión advierte de que, si no se pone remedio, la red de perfiladores autónomos Argo, que miden la temperatura y la salinidad de la columna de agua, podría perder el 35 % de su capacidad en 2030.
¿Qué es OceanEye?
OceanEye quiere ser la chispa de la observación oceánica europea. Y no parte de cero: en la última década, la UE ha desarrollado infraestructuras de datos y servicios oceánicos de referencia como el Servicio Marino de Copernicus (CMEMS), los servicios de acceso a datos e información de Copernicus (DIAS) o la Red Europea de Observación y Datos del Medio Marino (EMODnet), que ofrecen datos de observación oceánica con control de calidad, predicciones, análisis y proyecciones a escala global y paneuropea.
El problema es que la observación de los océanos, tanto en Europa como en el resto del mundo, está fragmentada, sufre una falta de coordinación y se enfrenta a severas restricciones de financiación, agravadas por los cambios geopolíticos. OceanEye nace para poner orden en este mapa y construir un sistema operativo global que conecte los niveles nacional, europeo e internacional. Lo hará combinando observaciones desde el espacio (Copernicus, la Agencia Espacial Europea y las agencias espaciales nacionales), observaciones in situ, procedentes sobre todo de infraestructuras nacionales, y sistemas digitales de datos y modelización. El modelo que se quiere replicar es el de la predicción meteorológica operativa que se utiliza hoy en día.
En concreto, OceanEye tiene tres objetivos:
- Reforzar los esfuerzos nacionales, europeos y las estructuras de coordinación centradas en las observaciones in situ de los océanos.
- Crear una Alianza Internacional para reforzar el Sistema Mundial de Observación del Océano (GOOS).
- Establecer un sistema digital europeo para el océano que integre los servicios de conocimiento marino existentes, garantice servicios operativos, facilite la innovación y abra nuevos mercados para la base industrial marítima europea.
La ambición de OceanEye va más allá de las fronteras europeas. La UE quiere asumir un papel de liderazgo global y, por eso, lanzará una Alianza Internacional para apoyar el GOOS, el programa coordinado por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO. La Alianza estará abierta a otros países, organizaciones y socios privados, y tendrá como misión mantener las infraestructuras existentes (boyas, gliders, observatorios o perfiladores Argo), llenar los vacíos de observación que todavía persisten en el hemisferio sur, el Ártico, las aguas profundas e incluso en zonas costeras aún no muestreadas, y repartir de manera más equitativa la responsabilidad de sostener el sistema. La propuesta se completará con un memorando de entendimiento entre la UE y la COI.

2035: una ambición a la altura del océano
Las intenciones de la Comisión Europea son muy ambiciosas. De cara a 2035, OceanEye se fija tres metas: que la UE aporte el 35 % del Sistema Mundial de Observación del Océano, que se asegure el 35 % del mercado de tecnologías de observación oceánica y que se convierta en el principal proveedor mundial de información estratégica sobre los océanos. Todo ello, con la aspiración de liderar tecnologías de frontera como la inteligencia artificial, los sensores autónomos y el digital twin europeo del océano (EU DTO).
Y no es poca cosa. Según diversos estudios recogidos por la Comisión, el mercado mundial de observación de los océanos tiene un valor anual de entre 10.000 y 20.000 millones de euros, con un crecimiento anual de entre el 5 y el 10 %, según el comisario Kadis, y da servicio a un ecosistema empresarial de entre 40.000 y 90.000 millones, la mayor parte del cual está en manos de Estados Unidos. Para la UE, convertirse en líder en este campo es una decisión económica y geopolítica de primer orden. Por eso, la iniciativa pondrá el foco en las empresas emergentes y en crecimiento de tecnología profunda (deep tech) que desarrollen sensores, sistemas autónomos, servicios basados en datos o soluciones de IA, y en acelerar su salto del laboratorio al mercado.

Un digital twin del océano
Una de las piezas centrales de OceanEye es el digital twin europeo del océano (European Digital Twin Ocean), una representación virtual del océano que permite acceder de forma fluida a los datos. Concebido como un servicio público y un bien común, recibe desde 2021 una inversión de la Comisión Europea de unos 15 millones de euros anuales, que incluye EDITO, su infraestructura básica.
El digital twin integra datos históricos y en tiempo real procedentes de satélites, sensores y modelos numéricos. Pero va mucho más allá del seguimiento: permite explorar escenarios hipotéticos y simular los efectos de diferentes políticas, trayectorias de calentamiento climático o actividades económicas antes de tomar cualquier decisión. Actualmente todavía está en construcción, y la Comisión quiere que esté plenamente operativo en 2030, como servicio público para la ciudadanía europea y como contribución al resto del mundo.
Para hacerlo posible, harán falta grandes volúmenes de computación, infraestructuras en la nube y, sobre todo, inteligencia artificial. De este modo, OceanEye prepara el terreno para que la IA se convierta en una herramienta clave del conocimiento oceánico.

La IA se sumerge en un mar de datos
Nos encontramos en un momento en el que, por suerte, los datos oceánicos son cada vez más fáciles de obtener. Las nuevas tecnologías de monitorización, los nuevos sensores y la teledetección reducen el esfuerzo necesario para ir a buscar un dato, y eso permite hacerlo muchas más veces.
Pero todos estos datos no sirven de nada si se quedan solo en la nube: tienen que llegar a buen puerto. Y, para ello, hay que procesarlos e interpretarlos. El volumen de datos es tan grande que llega un punto en el que no somos capaces de analizarlo con los métodos tradicionales. Es ahí donde entra la inteligencia artificial, que permite procesar de forma automatizada grandes conjuntos de datos para extraer conocimiento útil. Las aplicaciones van desde entender mejor el plancton hasta monitorizar y predecir la presencia de contaminantes ambientales.
La comunidad científica ya utiliza la IA para analizar millones de imágenes y lecturas de sensores y detectar cambios en los océanos y los ríos más rápido que nunca. Un cambio que, además, obliga a la ciencia a transformar su manera de trabajar.
Lo están comprobando, por ejemplo, los investigadores del proyecto europeo iMagine, que entre 2022 y 2025 reunió a científicos especializados en el medio acuático y expertos digitales de 11 países europeos para desarrollar herramientas de IA capaces de procesar y analizar grandes volúmenes de datos acuáticos. Gergely Sipos, de la Fundación EGI y coordinador del proyecto, recuerda que la salud de los océanos, los ríos y los lagos es clave para la alimentación, el clima, el turismo o el agua potable, y que una monitorización «más rápida y más barata permite detectar antes problemas como el declive del plancton, la acumulación de residuos, los vertidos de petróleo o la degradación de los corales, y actuar antes».
Pero la IA ya no sirve solo para procesar datos, sino también para analizarlos. Jean-Olivier Irisson, investigador de la Sorbonne Université especializado en plancton, lo resume así: «La IA empieza a sustituir análisis estadísticos muy consolidados. La ciencia tiene que adaptarse a esta nueva manera de trabajar». Tareas que antes requerían meses o incluso años, como contar organismos a mano, ahora se aceleran de forma radical.
Los puertos, en primera línea
La Comisión Europea tiene muy claro el papel de los puertos. El océano es también un espacio clave para el transporte marítimo, la energía, la seguridad marítima y la defensa. En una época de amenazas híbridas en evolución, como ciberataques, sabotajes o campañas de desinformación, la resiliencia de las infraestructuras marítimas críticas se ha convertido en una prioridad estratégica. Por eso, disponer de un flujo continuo de conocimiento sobre el océano es indispensable para salvaguardar los intereses, la autonomía estratégica y el liderazgo de Europa en un mundo en cambio constante. Las asociaciones de seguridad y defensa de la UE con países que no forman parte de ella, como el Reino Unido, Noruega, Canadá o la India, reflejan la creciente importancia de este ámbito.
Los puertos y el transporte marítimo figuran, además, entre los sectores que más pueden beneficiarse de un conocimiento oceánico fiable para operar de forma más segura, eficiente y con menos impacto, junto con la pesca, la acuicultura, la energía marina o el turismo. Un mejor sistema de observación también reforzará las previsiones meteorológicas, las evaluaciones de riesgos y los sistemas de alerta temprana ante amenazas como la contaminación o los efectos del cambio climático.
Los puertos también serán espacios para acercar los océanos a las personas. La Comisión prevé campañas anuales de comunicación con la flota de buques de investigación de la UE para abrirlos al público en los puertos europeos. Además, a través de programas como la Nueva Bauhaus Europea, se propone impulsar iniciativas que relacionen el arte, la cultura y la ciencia de los océanos. La finalidad es llevar la observación y el conocimiento de los océanos más allá de los laboratorios marinos y de las plataformas digitales, y hacerlos presentes en espacios públicos, puertos, museos y ciudades costeras de toda Europa. De este modo, no se busca únicamente divulgar la ciencia, sino también despertar la imaginación, fomentar la empatía y promover una responsabilidad compartida en el cuidado y la gestión de los océanos.
Para puertos como el de Barcelona, OceanEye representa una oportunidad para consolidarse no solo como infraestructura logística, sino también como epicentro de conocimiento y sensibilización oceánica.
«El liderazgo mundial en infraestructuras de observación oceánica y en servicios de datos e información es la gran ambición (moonshot) que queremos fijar para la UE. Empezaremos desarrollando la próxima generación de tecnologías europeas de observación oceánica. Hacemos un llamamiento a todos los socios para que elijan Europa para desarrollar juntos un sistema mundial más resiliente, un bien común en beneficio de todos.»
Ekaterina Zaharieva, comisaria europea de Empresas Emergentes, Investigación e Innovación
¿Cómo se financiará OceanEye?
La Comisión calcula que la financiación anual necesaria para alcanzar el nivel al que aspira OceanEye es entre tres y cuatro veces superior a la inversión actual. Como primer paso, la UE movilizará más de 92 millones de euros a través de programas existentes como Horizonte Europa y el Consejo Europeo de Innovación (EIC): 50 millones para reforzar el sistema mundial de observación in situ, 12 millones para los sistemas de datos a través del servicio de datos mundiales de EMODnet y 30 millones para un reto temático del EIC dirigido a las mejores empresas emergentes de tecnologías de observación oceánica.
Más allá de los fondos europeos, la Comisión hace un llamamiento a los Estados miembros para que aumenten su apoyo a la observación oceánica y alineen los presupuestos nacionales con las prioridades de la UE. También invita a otros países, organizaciones y empresas privadas a invertir a largo plazo en la observación de los océanos, con un mayor apoyo al GOOS. De cara al futuro, el próximo marco financiero plurianual, y especialmente el nuevo Fondo Europeo de Competitividad, podrían dar continuidad a este esfuerzo.
En definitiva, OceanEye es la apuesta de la UE para construir un Sistema Europeo de Observación del Océano integral y operativo, que garantice la autonomía estratégica de la Unión y la posicione como socio mundial fiable.
Para saber hacia dónde va el océano, primero hay que mirarlo.



